domingo, 6 de diciembre de 2020

Siempre Marcela (Novela)

 


La Tarde

La tarde está sola y silenciosa. Simona —su mascota— mira por la ventana la calle vacía. El café se destila con la parsimonia del tiempo. El invierno se tomó un respiro, hace sol y brilla el aire. El barrio toma la siesta larga del domingo. En sus recuerdos suena el violonchelo que oyó en una película japonesa sobre el ritual de la muerte. Marcela, la mujer que habita su casa, tiene una vida que su mente no abarca y tampoco husmea. Ella tiene la bondad de obsequiarle la mejor versión de su corazón, su ternura le basta para aceptar que él es un tipo con suerte, uno que degustó el vértigo de la noche y pudo regresar del desquicio. Iván entiende que el amor nunca es un huésped vitalicio y su visita ocurre tan sorpresiva como fugaz. Tiembla cada que llega la mañana y frente a él tiene un día desocupado y ajeno. Finalmente le pertenecemos a La Nada, piensa. No es cierto que la tarea cumplida traiga la calma. Estamos en deuda siempre.



viernes, 6 de marzo de 2020

Frankestina.




Construyo una mujer
lentamente
voy añadiendo piezas
tomo prestado lo que necesito
de las mujeres que veo
en tantos lugares,
la estatura fue fácil
a la altura de mis ojos abismales
Sus ojos son igual de insondables.
El cabello es entre gitano y selvático
cuidado para parecer silvestre y domado,
la boca delata una burla contenida,
labios de carne rosada, parda, brillosa,
cuello elegante
hombros de mediana redondez
y brazos largos.
Los senos los tomé de Marilyn,
no concibo otros.
Las manos pequeñas,
dedos delgados y uñas impecables,
espalda poblada de infantil vello,
caderas fuertes
para acoger el ímpetu de la noche,
nalgas esponjosas y firmes,
piernas para desfilar sin prisa
pero con la cadencia de un andar
que promete danza y jolgorio.
Los pies como golosinas.
Me falta dotarla de voz.
Debe sonar como una Femme Fatale
que me llama hacia la penumbra
y dirá las palabras que forjan
un puente hacia la otra orilla.



martes, 11 de febrero de 2020

Ilusión





ILUSIÓN



Cuando Love regrese
mi casa tendrá olor a libro nuevo,
la tibieza del aire humedecerá su piel
y un manjar mediterráneo
ocupará la mesa.
Yo habré alcanzado los años
de un hombre que va despacio,
tendré el hábito de callar absurdos
y susurrar alegorías.

Cuando Love regrese
contemplaré su cuerpo desnudo
sin premura,
deslizaré mis manos por su talle
con suavidad,
la besaré como un galán
que se mofa del tiempo.

Cuando Love regrese
aceptaré que sea una huésped
despistada
temerosa
fugaz.
Sólo le pediré que anuncié su partida
una tarde soleada,
no es necesario
que salga a hurtadillas de nuevo,
la puerta no tiene pestillo
y mi corazón es un bonsái.