martes, 19 de abril de 2011
domingo, 17 de abril de 2011
Náufrago En La Ciudad 4.
El periplo es idéntico. El último diseño aplicado a la ciudad hizo de la avenida una lombriz curvilínea que se retuerce sin moverse. Este sistema de buses, apodado Gusanos Azules, es un vagón que me acoge en su zumbido automático, aire frío y paradas programadas. Nadie podría saltar al vacío a destiempo. Lo vivo es la carne que transportan, nosotros. Gentes que entiendo como ejemplares de algo que no evoluciona. Un hombre corpulento degolló a su mujer en este mismo vagón hace un par de días. Razones de la pasión, dijeron. Cerca, un grupo de muchachos habla un dialecto veloz y efímero que me salpica de ignorancia. Una jovencita hermosa, escuálida, concentrada en imitar al vampiro de moda que vio en una película, se esfuerza por parecer gaseosa desde su fisonomía compacta. Bajo sus ropas palpita una hembra biche de piel magullada por la nocturna. Sin cerrar los ojos veo mis manos recorrer palmo a palmo su cuerpo húmedo y rosado. Son las 4:15 de la tarde. Llueve sin misericordia. Sólo se ve un sarpullido de agua en el parabrisas. Otra certeza acaba de morir en mi cabeza. El amor tampoco es un dueto afinado. Sigo. Igual, sé que una mujer me espera al final de la ruta en la Librería Olvido.
lunes, 11 de abril de 2011
Esta.
He ganado una incógnita.
Los elementos que sostienen mi dialecto
son antiguos como el mundo.
El otoño ha hecho de mi
un hombre de brillos oxidados.
Mujer,
luces victoriosa
como una cortesana que fue flor,
abismo, tempestad, incendio,
y nuevamente flor.
¿Podrías ser para mi
la brisa que viene del bosque?
Ay, si conociera las palabras
para fabricar paisajes…
El amor es un barco despistado
que avanza sin remedio
hacia las fauces de la noche.
Los elementos que sostienen mi dialecto
son antiguos como el mundo.
El otoño ha hecho de mi
un hombre de brillos oxidados.
Mujer,
luces victoriosa
como una cortesana que fue flor,
abismo, tempestad, incendio,
y nuevamente flor.
¿Podrías ser para mi
la brisa que viene del bosque?
Ay, si conociera las palabras
para fabricar paisajes…
El amor es un barco despistado
que avanza sin remedio
hacia las fauces de la noche.
domingo, 10 de abril de 2011
Aquella.
Aturdido por el devenir de mi tristeza
sin encontrar el modo de ser más mundano.
Los amores vienen y se van,
nada me dejan.
El tiempo superpone escenas
pero deja cabos sueltos,
terminales que nada sujetan.
Quizás me dirijo a la luz
pasando por las sombras.
No persigo sabores intensos
ni llegar a una estación insípida.
Todos encajamos en un diseño inútil.
Un instante fugaz es el paraíso,
un orgasmo a destiempo,
masa que palpita y delira.
Ay mi desvanecimiento al ver tu cuerpo.
Nada sobrevive después del encuentro.
Exprimir el poema,
dejar fuera las espinas que no adornan
y comprimir sus atributos,
dejar solo el matiz de la pesadumbre.
sin encontrar el modo de ser más mundano.
Los amores vienen y se van,
nada me dejan.
El tiempo superpone escenas
pero deja cabos sueltos,
terminales que nada sujetan.
Quizás me dirijo a la luz
pasando por las sombras.
No persigo sabores intensos
ni llegar a una estación insípida.
Todos encajamos en un diseño inútil.
Un instante fugaz es el paraíso,
un orgasmo a destiempo,
masa que palpita y delira.
Ay mi desvanecimiento al ver tu cuerpo.
Nada sobrevive después del encuentro.
Exprimir el poema,
dejar fuera las espinas que no adornan
y comprimir sus atributos,
dejar solo el matiz de la pesadumbre.
viernes, 8 de abril de 2011
Otra.
Imposible renunciar a la espera o huir de ella,
cada pálpito es gendarme del tiempo que se agota.
Los asuntos fluyen en un río de baba.
La mujer que me anunció un oasis
dejó un espejismo imposible de desvanecer,
cáscara de la única realidad posible.
El amor es esta cosa gaseosa
que imita colores y sonidos,
aroma dulzón de un otoño indeleble.
Pronto su sabor se volverá metálico.
Esta mujer me dice que me ama
y su mirada es una penumbra sin bordes,
su silencio un horizonte blanco,
su cuerpo activa el vértigo
de un deseo desatendido.
Todo su rostro es una ensoñación
que no se acerca ni se va.
La espera y el hallazgo,
son las caras rotativas de un mismo fracaso.
cada pálpito es gendarme del tiempo que se agota.
Los asuntos fluyen en un río de baba.
La mujer que me anunció un oasis
dejó un espejismo imposible de desvanecer,
cáscara de la única realidad posible.
El amor es esta cosa gaseosa
que imita colores y sonidos,
aroma dulzón de un otoño indeleble.
Pronto su sabor se volverá metálico.
Esta mujer me dice que me ama
y su mirada es una penumbra sin bordes,
su silencio un horizonte blanco,
su cuerpo activa el vértigo
de un deseo desatendido.
Todo su rostro es una ensoñación
que no se acerca ni se va.
La espera y el hallazgo,
son las caras rotativas de un mismo fracaso.
martes, 5 de abril de 2011
Una.
.
Tu recuerdo se instala donde antes había un fantasma y tu rostro perdura en un gesto indeleble. Tu imagen surge con la actitud de un Mesías que pasará de largo. El arco iris de la noche soltó visos de colores sobre tu pelo y ahora es suave y perfumado. Las rayas de tus labios están secas, tienen un matiz púrpura o polvo de violetas. Mujer, cuando te besé se me desajustaron los sueños. Sabes, no recuerdo bien tus ojos. Tus ojos no hablan, no piden ayuda. Tienen esta dignidad que dice, A mi el amor me arrastra pero no me despedaza. Ay, eres el viento que me atraviesa. Yo me quedo con este paraíso desencajado. Mi pecho —depósito de tu recuerdo— quisiera algo más que tu ausencia.
.
Tu recuerdo se instala donde antes había un fantasma y tu rostro perdura en un gesto indeleble. Tu imagen surge con la actitud de un Mesías que pasará de largo. El arco iris de la noche soltó visos de colores sobre tu pelo y ahora es suave y perfumado. Las rayas de tus labios están secas, tienen un matiz púrpura o polvo de violetas. Mujer, cuando te besé se me desajustaron los sueños. Sabes, no recuerdo bien tus ojos. Tus ojos no hablan, no piden ayuda. Tienen esta dignidad que dice, A mi el amor me arrastra pero no me despedaza. Ay, eres el viento que me atraviesa. Yo me quedo con este paraíso desencajado. Mi pecho —depósito de tu recuerdo— quisiera algo más que tu ausencia.
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viernes, 1 de abril de 2011
N 3
La calle hierve. Nos cuece a fuego lento. Mi cabeza escurre aunque voy quieto. El bus que me lleva se mueve raudo, corcovea. Avanza sobre una pasarela escoltada por edificaciones de mediana estatura. Su aire acondicionado es fútil. Agradezco los ventanales enormes y limpios pues liberan la mirada. Sombras claras y charcos de sol se intercalan donde suceden las bocacalles. Fila de ajedrez intermitente. Voy al sur. Son las 4:15 de la tarde. Sé que los farallones me acompañan a la derecha, confirmo su presencia azulverdegris. Estoy rodeado. Quienes callan cuentan con su rostro lo que no podrían armar con sus voces. Creen saber donde van, calculan las distancias, estiran el tiempo, acentúan los ritmos. Extraigo esta idea de sus miradas. Los afanes les trazan líneas en la frente. Las bocas cerradas se mueven protagonistas en un teatro de audiencia semi distraída. Pocos se miran de frente. El soslayo se impone. Flota un miedo milenario, insondable. Silenciosos ruegos de un abrazo prolongado y firme. Somos historias sueltas apelmazadas en una lata de transporte urbano.
Al frente la ciudad me habla, me saca a flote.
Tu risa es el espejismo que reverbera en el horizonte. Hacia allí me dirijo.
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Al frente la ciudad me habla, me saca a flote.
Tu risa es el espejismo que reverbera en el horizonte. Hacia allí me dirijo.
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