viernes, 6 de enero de 2017

La Tarde Se Va.







Está a mi lado. Llegó a mi casa al inicio de la tarde. Se desnudó y se tiró en la cama a refrescarse. Boca abajo, apoyada en sus codos, mira fotografías de moda en una revista. Yo miro su piel húmeda de sudor. La ventana abierta abre paso a la brisa. El pelo se mueve. La luz del verano acentúa los tonos rosados de su piel. El vello de la espalda brilla. Veo las puntas de sus senos rozando la sábana. Empiezo a acariciarla. Ella ríe. Sus carnes son esponjosas, calientes, olorosas. Huele a ciénaga y jardín, dulce vinagre, pan tostado. Voy por sus caderas con mis labios. El cosquilleo la sacude un poco, respira distinto. Se gira. Me mira. Beso aquí o allá sin itinerario, sin prisa. La abrazo. De pronto habla consigo misma sobre algún plan fracasado, del paso del tiempo, de la quietud de los días. El mugre de la vida mancha su rostro. Veo en su mirada que quisiera no amarme ya. Mientras ella busca en su mente una ruta hacia el futuro, yo entro en ella con el temor que me causa su presencia tan distante, su dulce cariño que se desvanece con la tarde. Mi plan B es no perder la cabeza.



jueves, 1 de diciembre de 2016

Pictograma.






Hubo una época en que me amabas
o creías amarme
o querías amarme
y lo intentabas,
lo intentaste.

Una época en que pensabas que el sacrificio
debía ser más grande que el placer.
Callabas, llorabas, esperabas.
Quizás un grito a tiempo
hubiese sido más oportuno
que el paulatino, invisible, desvanecimiento
con que te fuiste de mis días.

En las noches fuiste amante en pena,
víctima de una historia sin voz.

De pronto apareció ante ti
un camino con demasiadas puertas,
luces y colores no intuidos llegaron a invitarte.

Otros ruidos hicieron eco con el rumor de tus sueños.
Aún andas por allá,
pensativa y risueña,
danzando en los velos de tus espejismos,
totalmente intangible.
Feliz, dices.





lunes, 28 de noviembre de 2016

El Sabor De Los Días.




Mi madre ha sido desde siempre personaje para mis cuentos. No como ella misma sino como resorte de ficción. Su presencia en mi vida me dotó de una mirada propia. Recibí su curiosidad y su inclinación a jugar con las palabras. La melancolía, la cuota de picardía, el temor a ciertos públicos, el paladar, la desconexión con algunos planos de la realidad, la propensión a la fantasía hoy convertida en ficción escrita, la culpa por la tarea inacabada, amar la casa. 

En los últimos años mi madre fue mi hija menor. Y aun así, seguía siendo mi guía infatigada. Siempre planeando como solucionar la cotidianidad: cambiar el vidrio roto de la ventana, arreglar la ropa, preparar un postre, alimentar la perrita, visitar a los parientes, ayudar a los hijos. 

Ella, que a menudo extraviaba sus principios para satisfacer los pocos caprichos de su vida de carencias, predicaba que siempre había que hacer lo correcto. Por suerte yo fui formado por sus palabras justas y por sus actos aguerridos. La veía llorar pero no rendirse. Adoraba a Dios y le guiñaba el ojo al Diablo. Cursi, acomplejada, vital, asustadiza, terca, inmensamente sola después de la muerte del viejo. Sumisa ante el tiempo que se le iba. 

Su presencia en Mangalú se volvió el eje de los planes de mis hijos, mi mujer y mi mascota. La abuela marcaba el ritmo de los fines de semana y las vacaciones: sus medicamentos, la comida, los cuidados, las bromas que le hacíamos, los disparates con que nos animaba, sus ojos claros.

No me duele su muerte. No dejó ningún vacío. Me miro al espejo y veo sus rasgos en mi rostro. Igual sus manos en las mías. Su pasión por aprender. Sólo quiero deshacerme de su dificultad para superar viejas rabias que veo tan nítida en mí.


viernes, 11 de noviembre de 2016

En Un Recodo De La Noche.




El amor cambia de rostro sin previo aviso, se esconde, no logras mirarle a los ojos, por alguna razón te evade. De no ser un ente atrofiado, quizás se apiadaría de ti pero sabes que no hay remedio. “El amor es un cabrón”, te dices.

Algunos días supones que el ciego eres tú, por tu culpa el amor huye, la luz negra de tu pecho todo lo echa a perder. Otros días hallas una margarita en tu jardín y los ventiladores gigantes del cielo te obsequian la frescura, mandas al amor a freír espárragos con un ademán enérgico. “El amor no es Dios”, concluyes y te vas de juerga al viejo burdel del centro, y regocijado en el lecho de la Dulcinea de turno, ungido con el barniz agridulce y tibio de su vagina, bebes cerveza, fumas, cantas poemas. La noche ya no está sola te olvidas de lo inútil de existir y comiendo aceitunas o queso amarillo dejas de putear tanto al destino y ríes. Te duermes tranquilo.



sábado, 29 de octubre de 2016

Isabel...






Isabel, La Mujer Azul.

La de las cartas astrales, la duda metódica, la comunicación telepática y esa alegría que la embarga cuando hay neblina, no sé, me calma enormidades, nunca me grita. Habla de los signos zodiacales con una propiedad tan académica como empírica, siempre me trae alguna cosa para estrenar y me la entrega con su sonrisa perlada y su rostro lunar. El fin de semana decoró las paredes con motivos esotéricos, ella tiene un ritmo cadencioso para hacerme masajes en la espalda, gusta de los cigarrillos importados, el café amargo, el vino francés, la guitarra flamenca, los espaguetis con pollo y mucho tomillo, tiene un muñeco de trapo pelirrojo y con barba, es fanática del cubismo. Esta es una jeba ardiente que toca el fagot, fagositósica,  musicósiga, me toca hasta el tuétano con sus besos.




domingo, 3 de julio de 2016

De mi libro...





Historias de la Nada   43

Cotidiana 10



Invento que soy un tipo excéntrico. Preparo guiso de carne con abundante pimienta y sal marina. Bebo a sorbos largos un par de botellas de vino magenta oscuro y espero a que el día cumpla su cometido. La música de fondo sabe sostener el trance en que me sumergen las tardes de domingo cuando el cielo es una tela descolorida y tiesa.
Le pido a Mariana Carbonel que se siente desnuda en mi regazo mientras fabrico un poema. Nada mejor que la ardorosa suavidad de sus senos pequeños para aflojar la mano. De ñapa, ella arroja su melena rizada sobre mi olfato lujurioso para que el saldo de la noche me nutra con su aroma aderezado. Soy nada sin esta mujer atravesada. No puedo apartar mi mano de su cadera. Su tibieza es pegajosa, su talud adictivo.
Mariana Carbonel habla de la vida en una jerigonza intemporal que mezcla farándula y levitación, culinaria y tiro con arco, danza y cría de dálmatas. Escribirle un poema implicaría ser la reencarnación condensada de varios juglares, haber descifrado el ritmo del silencio, la pausa del colibrí, el origen del agua, las pesadillas de Dios.

Resignado a ser un monje mundano entrenado para no quejarse de las bofetadas de la realidad, me pierdo en el deleite de ser el huésped de sus sueños, el afortunado bribón espectador y protagonista del jolgorio celebrado en su piel, testigo del destello en sus ojos cuando le digo que sus besos son ferozmente deliciosos, que ella es embeleso y espanto.



domingo, 19 de junio de 2016

Amor.





Entonces el amor es una pregunta a mitad de la tarde
el pelo rojo de una muchacha que estudia cine
un libro de 700 páginas sobre la definición de la vida
una llamada sin contestar
merienda en silencio 
mascota en el suelo cerca a tus pies
la canción que alguien dejo grabada para ti
sonidos armónicos
un timbal sinfónico
no perdonar la ausencia
un bolero cantado en una madrugada con llovizna
la joven que quieres desnudar
la redondez de la historia
la camisa de lino que usarás en el funeral
la fantasía de toda palabra
licor casero frío
las nalgas de la maestra que fuma
bragas de verano en época de descuentos
la maldita mentira de coordenadas inexistentes
el maquillaje para la obra de teatro
el verano radicado en la pradera
los amigos que no te visitan
otro camino iluminado por la duda
la danza aprendida en el pueblo del sur
la promesa de un regalo
¿Si lloro frente a ti me respetarás un poco?
el odio del primogénito
Esta idea de amor me bendice
el aroma de tu sexo hace agujeros en mi sueño
descubro que ninguna arruga es prematura
creo que el mar se burla de nosotros
¿Por qué han aplazado tanto el fin del mundo?