jueves, 4 de junio de 2015

Mangalú.





Esta casa me convierte en escritor. Es la penumbra, las horas quietas de la mañana, el murmullo de la emisora, la mascota en el sofá, el olor del café. Es el anuncio del día que nada promete o mi propia voz narrando la bitácora imaginada de mi vida.


La ecuación, la receta, involucra una porción de silencio. No sé cómo explicarlo. Muchos ruidos y sonidos suceden mientras estoy en estado de letras (mi renombrado Poetic Mode), y yo los escucho. Son un telón sonoro que acolchona la voz con que narro la sensación de ser un extranjero que ha descubierto ser huésped del mismo hábitat durante largo tiempo, entonces, mira cada objeto con un cariño nuevo y realiza cada movimiento como estrenándolo. 
Todo ocurre sin testigos y con lentitud. El tiempo dejó de ser la medida de la vida. Dentro de esta casa, en este cajón decorado de trópico, mi corazón ladra tranquilo.  



domingo, 24 de mayo de 2015

Mundo Paralelo.





Soy un tipo absurdo. Repito los días sin tropiezo. Ducha, café, libro, bitácoras. Acudo cada mañana al mismo sitio: la cafetería de la esquina. Leo. Miro la autopista y los peatones. La zona antigua de la ciudad tiene un rostro colonial y gris que habla del implacable paso del tiempo. Otros comensales me observan. A pesar de llevar años aquí sentado aún no hago parte del decorado. Tristemente sobresalgo del panorama por tener un libro frente a mí. Mi rostro taciturno debe resultar incómodo, incluso amenazante. Al cruzar la mirada con alguien procuro que vea a un tipo normal. Así nadie se entera que vivo en un mundo paralelo hecho de palabras.



martes, 28 de abril de 2015

Quince.




Lo tengo claro. Una muchacha ha venido a jugar conmigo. Su sonrisa me energiza. Pelo largo caoba, carnes blandas, curvas, aromas sazonados y tibieza de llama controlada. Bajo la mano por su talle y me olvido de su edad. Manoseo su cuerpo joven y se endurece. Burla. Ella se burla. Sabe que mañana se irá, sólo ha venido a regalarme su piel durante la noche. Después, nada. Acude porque mis palabras sugieren misterios que ambos sabemos no existen pero seducen con su atmósfera arenosa. Mis ojos tienen la mezcla adecuada de frustración y triunfo, desapego y entrega. Soy truhán y caballero, académico y juglar, gendarme, bufón, mesías. Estoy hecho de una consistencia atolondrada que me mantiene anclado al espacio donde habito. Mi casa es una cueva agridulce. Escenario claroscuro para la danza de los amantes. No hay balcones ni jardines, sólo un ventanal para mirar el desfile de la tarde. Con los años he aprendido la lentitud del bolero, muero despacio en los encantos de esta niña festiva. Entro en su tesoro, agujero ardoroso donde otros sucumbirán en los días que vienen. Me hundo hondo. Lo sé, tampoco soy pionero en esta doncella sibilina. Efímero nirvana sin semillas. Además de ventisca, ella es la brújula de la noche, la puerta escondida en el muro, el puente lejos del abismo, registro de tropiezos, insomnio, zumbido, vómito. No todo romance juvenil es un triunfo. Odio a esta mujer que me roba tiempo y aire, y me deja la sangre despedazada. Su presencia esquiva toda cautela, reduce la longitud del día. Para salvarme tengo la ventaja de guardar este secreto: no le he dicho que me llamo Veloz Olvido.



miércoles, 18 de marzo de 2015

Lluvia.




Hay sangre, espesa, casi fría. Su recorrido por las venas es muy lento, no quiere llegar a su destino. El otoño averió su ritmo de trópico. La tierra caliente es sometida por las lluvias. Los expertos nombran este suceso con la palabra fenómeno pero nada tiene de fenomenal. Bueno, quizás la evidencia de que la gente se ha vuelto gris y exhala neblina al respirar, tiene la piel escarchada y los ojos anuncian llanto a toda hora, confirma que los desastres del temporal se han desbordado sin misericordia.

El consumo de café caliente se ha triplicado, la locomoción es torpe y húmeda. Todos llevan por techo un paraguas y los brazos escondidos. Desde la mesa de la cafetería yo miro la avenida buscando los edificios de siempre. Sé que están ahí. Dentro de esas viviendas, la pequeña tibieza almacenada sirve para que la gente se recoja en diminutos rituales de vida cotidiana y haga planes para cuando el sol regrese. Ya han gastado tres almanaques completos.



martes, 10 de febrero de 2015

Ciclo.



Para mi fortuna ha vuelto la lluvia con sus sonidos de asombro y arrullo. Lo mejor de ser huésped del trópico es que el viento frío siempre es tibio. Se escabulle la tarde (esta frase ya la escribí antes pero no se me ocurre otra), y la luz se pone gris, polvorosa. Descubro que soy un tipo de palabras repetidas, de pocas ideas, actos mecánicos y boleros malva.

Mrs. Dalloway está enroscada a mi lado en el sofá. Tiene el gesto nostálgico de la penumbra y suspira igual a alguien que espera. Perra fiel. 

¿Lo ven? Un único tema. Vuelvo a describir mi hábitat como una litografía estancada en el tiempo. Soy fanático del pasado. Sólo allí he triunfado. Allá atrás, en el tiempo que se fue, fui hermoso, tenía los bríos de la torpeza y la suerte de un trapecista, era acertado al improvisar el amor. Ahora trastabillo al pretender la quietud, tartamudeo al invocar el silencio, y sonrío con esa mueca absurda de macho ciego que acaba rápido. Mierda. Y bebo vino, bendito combustible de intelectual de poca monta. Bueno, el tiempo dará cuenta de mí, así que este letargo poético lo pasaré con la suerte de estar habitado por todas las mujeres que me amaron. 



miércoles, 28 de enero de 2015

Soy.





Soy un pulpo de brazos cortos. Sólo alcanzo a abrazar a mi pequeña mujer. Envuelvo su cuerpo forrando a una reina que atravesará el tiempo si mella. Podría marinarla a besos pero prefiero sostenerla inmóvil y sentir su aroma agridulce arroparnos en una escafandra de aire tibio.


Soy un ogro de felpa. Mis gruñidos no avanzan más allá de la curva de tu oreja. (¿Podría haber poeta más cursi?) Y te ríes de mi porque me crees un macaco de mirada almibarada pero no, en verdad soy el sátiro taimado que decora tu noche con garras y maromas, el monje mundano que agarra tu talle para poseerte y mientras afila su daga te dice una frase absurda para explicar que el amor no es el dueño del tiempo.  


jueves, 15 de enero de 2015

Falsa Espiral.




Todo sucede en el pasado. Cuando termino de decir esto, caigo en la cuenta de que el verbo de la frase está en presente pero la idea indica que se está hablando del pasado. Aun así no quiero decir que todo sucedió en el pasado, como si las cosas ya hubiesen concluido. Nada más vigente y activo que el pasado. El pasado siempre está ocurriendo. Se mueve constantemente en la cabeza. Es presente. Por eso dije el verbo en presente en mi frase inicial.
El futuro está vacío. Más allá de las promesas, nada lo ocupa. El presente se desvanece tratando de mantener vivo lo que ocurrió en el pasado. Los anhelos, que parecieran planes futuros, se elaboran con añoranzas, y se sabe que estas se nutren de lo vivido y se manifiestan en los recuerdos. Viene a ser, entonces, que los anhelos futuros son añoranzas por el pasado. Volver a vivir lo gozado. Permanecer en ese estado alegre en que el paso del tiempo no se percibe, no se recuerda ni se planea, no se añora ni se anhela, simplemente se goza, se vive.

Luego, cuando se está a la espera de que se repita el estado de gozo, en realidad no se vive, se deambula como un ente, se sobrevive mientras se avanza rumbo al deterioro, hacia el fin.