Esta casa me convierte en escritor. Es la penumbra, las horas quietas de
la mañana, el murmullo de la emisora, la mascota en el sofá, el olor del café.
Es el anuncio del día que nada promete o mi propia voz narrando la bitácora
imaginada de mi vida.
La ecuación, la receta, involucra una porción de silencio. No sé cómo
explicarlo. Muchos ruidos y sonidos suceden mientras estoy en estado de
letras (mi renombrado Poetic Mode), y yo los escucho. Son un telón
sonoro que acolchona la voz con que narro la sensación de ser un extranjero que
ha descubierto ser huésped del mismo hábitat durante largo tiempo, entonces,
mira cada objeto con un cariño nuevo y realiza cada movimiento como
estrenándolo.
Todo ocurre sin testigos y con lentitud. El tiempo dejó de ser la
medida de la vida. Dentro de esta casa, en este cajón decorado de trópico, mi
corazón ladra tranquilo.

